Nuestro desarrollo se intento exportar, se exporta y se exportará pero se rechazó, se rechaza y se rechazará. El desarrollo es un conocimiento aplicado a una realidad, ¿qué sabemos del Sur? Yo nunca he estado allí. No he traspasado ninguna de las múltiples líneas físicas que existen en el mundo para convivir durante un mínimo tiempo, requisito para otro mínimo de compresión, interpretación cultural y conocimiento. Sin embargo hay una línea más asequible, más cercana a estas anteriores, es racional y la podemos traspasar todos. Se trata de aquello que llamamos solidario, es una cuestión de espíritu.
Si nos atenemos a la definición de la palabra solidaridad se trata de una adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros que en términos de desarrollo global y sostenible podríamos decir que se cumple a rajatabla. Los significados son importantes. Muy a pesar del redactor, hay dos partes (Sur y Norte), hay una causa o empresa de otros (desarrollo) y desde luego el carácter es circunstancial, pero entendido como fortuito, casual, pasajero y momentáneo, no como la consecución de unos hechos que han obligado a realizar una determinada acción. Digo esto porque en el sentido estricto son pocos los solidarios en el Norte.
En la actualidad, el Sur y sus embajadores en el Norte (cooperantes) viven un paradigma que no se corresponde con la realidad que el Norte tiene asignada para ellos. En absoluto. Generalizando, vivimos un desarrollo economicista y ellos pretenden uno humano (idea básica de la capacitación de las personas, emancipación, empoderamiento) que resulta difícilmente compatible con el escenario impuesto por el Norte: una globalización que implica interdependencia política, la información y la economía de mercado.
El Sur y el Norte son distinciones peligrosas ya que el mundo es uno. Esta dicotomía refleja una desigualdad que se ha construido con el lenguaje que ha designado realidades y las ha creado. ¡Subdesarrollado! Gracias al Creador, cualquiera que sea, a mi madre, mi padre, mi hermano, amigos, profesores y colegas de ideas por no llamarme así. Es cierto que ese calificativo despectivo podría ser utilizado en el Norte para designar a unos cuantos de los que nos rodean como a los extremistas que luchan por una causa pérdida, reducto de la memoria occidental, los nacionalistas, que solo miran a su ombligo, los conservadores que quieren ayudar al pobre negrito, los ultraliberales que aúpan las diferencias en el Norte cuando habría que luchar por la igualdad con el sur, los asesinos que simplemente deberían dejar de existir o los traficantes de droga que perpetúan con su actividad ilícita la desigualdad en el Sur; y un largo etcétera de neos y reminiscencias. Todos miramos para otro lado alguna vez mientras ellos cometen un doble delito: maltratar al Sur y arrastrarnos con ellos en cuestiones de culpabilidad y espíritu.
En mi particular calidad de asesor espiritual recomiendo a los desencantados en su fe, una que se ajusta a todos, la que predicaba, digo esto bajo el amparo de la Iglesia católica, el hippie de Jesús de Nazareth: la teología de la liberación. Se han molestado en tacharla de marxista cuando existía desde hace mucho tiempo. Un ejemplo práctico es el del MST brasileño (Movimiento Sin Tierra). No se puede entender su origen sin evocar el rol de la Iglesia Católica brasileña, y en particular de la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT). Sus agentes pastorales realizaron el rol de los agitadores inspirándose en una forma de socialismo cristiano, pregonaban el Capítulo Tercero del Libro del Éxodo que relata el sufrimiento y la liberación del pueblo de Dios en busca de la tierra prometida, como ellos luchan por el reparto de la tierra en Brasil. Vosotros habéis visto lo que yo he hecho a Egipto y cómo os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí. Ahora, si oís mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad entre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra.(Capítulo III Libro del Éxodo, Antiguo Testamento. Sagrada Biblia)
El teólogo brasileño Leonardo Boff señala que Marx no fue ni padre ni padrino de la teología de la liberación. Esto no quiere decir que no hayan aprendido mucho de Marx, especialmente la verificación de que los pobres no son simplemente pobres; son oprimidos, hechos pobres por mecanismos de explotación económica sustentada por políticas que crean desigualdades y que por eso son injustas. En definitiva, un atisbo de esperanza entre la cutre jerarquía eclesiástica, y no lo digo porque sea afín a los postulados marxistas o socialistas, si no porque a pesar del orden mundial Jesús sigue estando con los pobres y los hay que creen en él. Desgraciadamente, la Iglesia persigue está teoría con la ex comulgación en la mano, así que Jesusito, ¡castigado!.
Parece que es mejor ser un individuo del Sur que no subdesarrollado, pero es aún mejor ser un individuo del Norte que como describe Rushdie es un edificio tembloroso que construimos con retales, dogmas, injurias infantiles, artículos de periódico, comentarios casuales, viejas películas, pequeñas victorias, gente que odiamos y que amamos.
Si nos atenemos a la definición de la palabra solidaridad se trata de una adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros que en términos de desarrollo global y sostenible podríamos decir que se cumple a rajatabla. Los significados son importantes. Muy a pesar del redactor, hay dos partes (Sur y Norte), hay una causa o empresa de otros (desarrollo) y desde luego el carácter es circunstancial, pero entendido como fortuito, casual, pasajero y momentáneo, no como la consecución de unos hechos que han obligado a realizar una determinada acción. Digo esto porque en el sentido estricto son pocos los solidarios en el Norte.
En la actualidad, el Sur y sus embajadores en el Norte (cooperantes) viven un paradigma que no se corresponde con la realidad que el Norte tiene asignada para ellos. En absoluto. Generalizando, vivimos un desarrollo economicista y ellos pretenden uno humano (idea básica de la capacitación de las personas, emancipación, empoderamiento) que resulta difícilmente compatible con el escenario impuesto por el Norte: una globalización que implica interdependencia política, la información y la economía de mercado.
El Sur y el Norte son distinciones peligrosas ya que el mundo es uno. Esta dicotomía refleja una desigualdad que se ha construido con el lenguaje que ha designado realidades y las ha creado. ¡Subdesarrollado! Gracias al Creador, cualquiera que sea, a mi madre, mi padre, mi hermano, amigos, profesores y colegas de ideas por no llamarme así. Es cierto que ese calificativo despectivo podría ser utilizado en el Norte para designar a unos cuantos de los que nos rodean como a los extremistas que luchan por una causa pérdida, reducto de la memoria occidental, los nacionalistas, que solo miran a su ombligo, los conservadores que quieren ayudar al pobre negrito, los ultraliberales que aúpan las diferencias en el Norte cuando habría que luchar por la igualdad con el sur, los asesinos que simplemente deberían dejar de existir o los traficantes de droga que perpetúan con su actividad ilícita la desigualdad en el Sur; y un largo etcétera de neos y reminiscencias. Todos miramos para otro lado alguna vez mientras ellos cometen un doble delito: maltratar al Sur y arrastrarnos con ellos en cuestiones de culpabilidad y espíritu.
En mi particular calidad de asesor espiritual recomiendo a los desencantados en su fe, una que se ajusta a todos, la que predicaba, digo esto bajo el amparo de la Iglesia católica, el hippie de Jesús de Nazareth: la teología de la liberación. Se han molestado en tacharla de marxista cuando existía desde hace mucho tiempo. Un ejemplo práctico es el del MST brasileño (Movimiento Sin Tierra). No se puede entender su origen sin evocar el rol de la Iglesia Católica brasileña, y en particular de la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT). Sus agentes pastorales realizaron el rol de los agitadores inspirándose en una forma de socialismo cristiano, pregonaban el Capítulo Tercero del Libro del Éxodo que relata el sufrimiento y la liberación del pueblo de Dios en busca de la tierra prometida, como ellos luchan por el reparto de la tierra en Brasil. Vosotros habéis visto lo que yo he hecho a Egipto y cómo os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí. Ahora, si oís mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad entre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra.(Capítulo III Libro del Éxodo, Antiguo Testamento. Sagrada Biblia)
El teólogo brasileño Leonardo Boff señala que Marx no fue ni padre ni padrino de la teología de la liberación. Esto no quiere decir que no hayan aprendido mucho de Marx, especialmente la verificación de que los pobres no son simplemente pobres; son oprimidos, hechos pobres por mecanismos de explotación económica sustentada por políticas que crean desigualdades y que por eso son injustas. En definitiva, un atisbo de esperanza entre la cutre jerarquía eclesiástica, y no lo digo porque sea afín a los postulados marxistas o socialistas, si no porque a pesar del orden mundial Jesús sigue estando con los pobres y los hay que creen en él. Desgraciadamente, la Iglesia persigue está teoría con la ex comulgación en la mano, así que Jesusito, ¡castigado!.
Parece que es mejor ser un individuo del Sur que no subdesarrollado, pero es aún mejor ser un individuo del Norte que como describe Rushdie es un edificio tembloroso que construimos con retales, dogmas, injurias infantiles, artículos de periódico, comentarios casuales, viejas películas, pequeñas victorias, gente que odiamos y que amamos.

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