Gracias a la idea de desarrollo (un proceso de cambio social, político, económico, tecnológico, etc., que surgido de la voluntad colectiva, requiere la organización participativa y el uso democrático del poder de los miembros de una comunidad) , me vino a la cabeza una reflexión sobre la situación actual de África, que completé con unas lecturas que encontré en el sitio web de la Plataforma 2015 y más sobre dichos objetivos y el libro de David Harvey, Breve historia del neoliberalismo, que recomiendo sin reservas.
La reflexión comienza con una pregunta que resulta crucial teniendo en cuenta el dudoso buen gobierno de algunos estados africanos, ¿cómo debe responder África y como va a reaccionar ante la inyección de tanto desarrollo?
Los ocho Objetivos del Milenio conforman el actual programa de los activistas en el ámbito de la cooperación y ayuda. Abarcan diversos aspectos, desde reducir a la mitad la pobreza hasta detener el VIH, con la fecha tope en 2015; incluyendo la promoción de la igualdad de género, reducir la mortalidad infantil, asegurar la sostenibilidad medioambiental e impulsar un desarrollo global, es decir, en una sola dirección.

Abidjan, Costa de Marfil
El acceso al agua supone un gran problema, de hecho, se trata de un subojetivo de los “objetivos”, más del 20% de la población mundial no puede acceder al agua potable. El agua seguiría una lógica positiva: el acceso en la aldea al agua potable contribuye a la reducción de enfermedades sobre los más vulnerables, los niños y aumenta la productividad de los adultos en otras tareas, se contribuiría a que se fuese a la escuela. En mi opinión, ¿no sería más fácil centrarse en un objetivo sobre el terreno, en vez, de prestar 100.000 millones de ayuda para muchos otros?, ¿no nos enseñan desde pequeños que hay que ir poniéndose pequeñas metas para llegar a otras más grandes?
La pregunta lógica en esta progresión es, sí el modelo de cooperación es el adecuado. La respuesta es no, por diversos motivos. En primer lugar, ha generado dependencia y subordinación, y está más basado en las relaciones internacionales, es decir, un intercambio o reparto entre iguales para no erradicar la pobreza, que en la cooperación que se necesita. En segundo lugar, la falta de coordinación entre las múltiples agencias que conforman el espectro cooperativo. Y por último, la falta de coherencia entre políticas públicas, económicas, de defensa, etc. ¿Y el modelo de desarrollo? Los objetivos propuestos en el año 2000 no se han cumplido, no se ha logrado la transformación de las estructuras que crean desigualdad, no nos hemos acercado y de hecho la desigualdad ha aumentado.
Los objetivos del milenio están emparentados con África, pero a pesar de la condonación de la deuda, también lo están el BM y el FMI, es sabido por todos que son aparatos al servicio de los intereses de Estados Unidos que encabeza un ranking, con Francia y China, todos miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, es decir, con derecho a veto y casualmente, de los tres primeros inversores extranjeros en África, además de productores de armas que nutren conflictos. Unos no preguntan, otros se interesan, otros no se enteran y otros se aprovechan.
A modo de conclusión, de manera interesada, he querido hacer tan enrevesado este párrafo que precede, y es por encontrar un símil escrito que permita entender la situación tan compleja que abordamos y la impotencia con la que se observa desde diversas plataformas, que con buena fe, se organizan, toman iniciativas y actúan desinteresadamente.
La reflexión comienza con una pregunta que resulta crucial teniendo en cuenta el dudoso buen gobierno de algunos estados africanos, ¿cómo debe responder África y como va a reaccionar ante la inyección de tanto desarrollo?
Los ocho Objetivos del Milenio conforman el actual programa de los activistas en el ámbito de la cooperación y ayuda. Abarcan diversos aspectos, desde reducir a la mitad la pobreza hasta detener el VIH, con la fecha tope en 2015; incluyendo la promoción de la igualdad de género, reducir la mortalidad infantil, asegurar la sostenibilidad medioambiental e impulsar un desarrollo global, es decir, en una sola dirección.
Está claro que mirar la tabla de desigualdad sin África es sorprendente, pero hay una potencia, que a diferencia de unirse con los países occidentales que promueven de modo uniforme niveles e instituciones de gobierno más saludables para un democracia a cambio de ayuda, no siente presión alguna para actuar de este modo. Se trata de China, que no pregunta, cuanto mejor sea para sus intereses a largo plazo mejor, es decir, ayuda e infraestructura a cambio de materias primas, mirando hacía otro lado. China se puede convertir en un medio para perpetuar en el poder a malos gobiernos, y desde luego una barrera para lograr un consenso global acerca de un desarrollo sostenible, porque además de desarrollo debe ser sostenible. China tampoco actúa dentro de sus fronteras para paliar la desigualdad, como ejemplo, sirve el éxodo decretado por el gobierno chino debido a la presa de Las Tres Gargantas.

Abidjan, Costa de Marfil
El acceso al agua supone un gran problema, de hecho, se trata de un subojetivo de los “objetivos”, más del 20% de la población mundial no puede acceder al agua potable. El agua seguiría una lógica positiva: el acceso en la aldea al agua potable contribuye a la reducción de enfermedades sobre los más vulnerables, los niños y aumenta la productividad de los adultos en otras tareas, se contribuiría a que se fuese a la escuela. En mi opinión, ¿no sería más fácil centrarse en un objetivo sobre el terreno, en vez, de prestar 100.000 millones de ayuda para muchos otros?, ¿no nos enseñan desde pequeños que hay que ir poniéndose pequeñas metas para llegar a otras más grandes?
La pregunta lógica en esta progresión es, sí el modelo de cooperación es el adecuado. La respuesta es no, por diversos motivos. En primer lugar, ha generado dependencia y subordinación, y está más basado en las relaciones internacionales, es decir, un intercambio o reparto entre iguales para no erradicar la pobreza, que en la cooperación que se necesita. En segundo lugar, la falta de coordinación entre las múltiples agencias que conforman el espectro cooperativo. Y por último, la falta de coherencia entre políticas públicas, económicas, de defensa, etc. ¿Y el modelo de desarrollo? Los objetivos propuestos en el año 2000 no se han cumplido, no se ha logrado la transformación de las estructuras que crean desigualdad, no nos hemos acercado y de hecho la desigualdad ha aumentado.
Los objetivos del milenio están emparentados con África, pero a pesar de la condonación de la deuda, también lo están el BM y el FMI, es sabido por todos que son aparatos al servicio de los intereses de Estados Unidos que encabeza un ranking, con Francia y China, todos miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, es decir, con derecho a veto y casualmente, de los tres primeros inversores extranjeros en África, además de productores de armas que nutren conflictos. Unos no preguntan, otros se interesan, otros no se enteran y otros se aprovechan.
A modo de conclusión, de manera interesada, he querido hacer tan enrevesado este párrafo que precede, y es por encontrar un símil escrito que permita entender la situación tan compleja que abordamos y la impotencia con la que se observa desde diversas plataformas, que con buena fe, se organizan, toman iniciativas y actúan desinteresadamente.
www.2015ymas.org

1 comentario:
ESE BLOGGGG SUERTE PIK!!!
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