Sé de buena mano que no esta mal ir a cooperar al otro lado de la línea, la gente lo agradece, digo ellos, a los que se les ayuda y los otros vuelven con una buena experiencia, han visto cosas y han puesto unas cuantas gasas curando heridas y haciendo algun diagnostico si han ido más de una vez. Allí los ven bien, la adaptación cómica de la realidad sería la llegada de Pajares y Esteso con una sombrilla, un balón, 2 sillas, un transitor y una neverita en la vaca del avión al aeropuerto de Lima, para irse a la selva colombiana. Ni les cuestiono, ni les señalo, ni les insulto, tan solo les toco por detrás desde aquí explicandoles que el problema no esta allí, esta aquí, en Europa, en Vitoria, en Madrid. A los que estudian medicina, bienvenida sea su ayuda en el otro mundo, la necesitan a todas horas.
Pero que podemos decir de otros cooperantes. Existen dos tipos: los que vuelven contentos y anchos y los que vuelven tristes y culpables. Los primeros sienten una paz interior indescriptible, han dado el resto, vieron numerosas maravillas naturales y se compadecieron, convivieron y ellos enseñaron su mejor cara para agradecer la visita ya que para ellos es propio de su cultura, sumida internacionalmente en el olvido del etnocentrismo. No pongo en entredicho su voluntad pero no es suficiente y puede llegar a resultar inútil. Los segundos, leen blogs de este tipo, desaprenden en la medida que pueden y cuando vuelven, cooperan, ese es el espíritu. Casualmente estos últimos resultan ser incomprendidos profetas en su tierra, tomados por locos, evitados por la calle cuando solo piden que les escuchen y cuando van a llegar a la conclusión con el interlocutor casual, reciben un billete de 20 euros en la mano desnuda, porque no llevan hucha, llevan razón. Ciudadanos, esto ya es política.

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