Esta vez se desarrolla el concepto de la incidencia política. El discurso es claro: las diferencias entre Norte y Sur se deben a una causa política. En este aspecto cabe resaltar el comentario sobre los lobbys en los polos de gobierno del primer mundo Bruselas y Washington, se discutió sobre la importancia de éstos en la toma de decisiones a nivel geopolítico y lo mucho que éstas decisiones afectaban al desarrollo humano y sostenible y sobre todo que no generaban políticas destinadas al bien común ya que un alto porcentaje de las leyes propuestas en los distintos parlamentos tienen como base argumentos de lobbys. Este comentario sirve para hacer hincapié en que las diferencias tienen una causa política y visualizar el contraste competitivo que deben salvar las ONGDS que son fundamentalmente organizaciones que defienden valores, principios y conductas basadas en la solidaridad (O. Carpio, 2006:83); es decir justo lo contrario.
Aquí comienza el debate. ¿Cómo debe defenderse una ONGD en la actualidad?, ¿puede jugar a ser un lobby con la financiación que tiene?, ¿cuál es la función más importante que hoy debe hacer una ONGD? La respuesta es educar, esencialmente educar con base en la comunicación.
Las respuestas a esto se encuentran en el punto anterior titulado ¿Qué tiene que ver la educación para el desarrollo con la comunicación? Pero pienso que es necesario comentar las implicaciones que tiene el Norte en cuanto a participación y democracia en relación a las cuestiones con el Sur.
Podríamos distinguir dos ámbitos de acción: el individual y el no institucional, entendido como las ONGD. En el individual deberíamos trasladar esta preocupación por el desarrollo humano y sostenible a nuestro trabajo, a título de consumidores, viajeros y ahorradores, como votantes y como miembros de una sociedad civil organizada. A nivel de las ONGD, se debería impulsar la coordinación entre las ONGD con otros movimientos sociales con objetivos comunes. Por ejemplo el movimiento ecologista cuyo discurso actual no se limita solo a acciones puntuales sino que ha tomado una dimensión global gracias a organizaciones como Greenpeace, y qué mejor aliado que uno que persigue la sostenibilidad ambiental, que resulta casi imposible sin conseguir antes un desarrollo humano sostenible. Otra de las tareas de las ONGD sería estimular una conciencia crítica de la ciudadanía que no se consigue de otra manera que impulsado el modelo de educación para el desarrollo. Estimular la creatividad en las formas de acción. En definitiva reaprender. Este es el gran desafío comunicativo de las ONGD para aumentar la movilización y la participación se debe cooperar no sólo con el Sur sino también canalizar esfuerzos conjuntos con otras organizaciones.

A la vista de los últimos acontecimientos, véase la revolución verde de Al Gore con su documental Una verdad incómoda, su Nobel de la Paz y su Oscar, no queda otra esperanza que actuar como lobby, tal y como lo consiguió Al. Eso significa la obligatoriedad de la cooperación entre las ONGD y otros movimientos en el Norte.
Aquí comienza el debate. ¿Cómo debe defenderse una ONGD en la actualidad?, ¿puede jugar a ser un lobby con la financiación que tiene?, ¿cuál es la función más importante que hoy debe hacer una ONGD? La respuesta es educar, esencialmente educar con base en la comunicación.
Las respuestas a esto se encuentran en el punto anterior titulado ¿Qué tiene que ver la educación para el desarrollo con la comunicación? Pero pienso que es necesario comentar las implicaciones que tiene el Norte en cuanto a participación y democracia en relación a las cuestiones con el Sur.
Podríamos distinguir dos ámbitos de acción: el individual y el no institucional, entendido como las ONGD. En el individual deberíamos trasladar esta preocupación por el desarrollo humano y sostenible a nuestro trabajo, a título de consumidores, viajeros y ahorradores, como votantes y como miembros de una sociedad civil organizada. A nivel de las ONGD, se debería impulsar la coordinación entre las ONGD con otros movimientos sociales con objetivos comunes. Por ejemplo el movimiento ecologista cuyo discurso actual no se limita solo a acciones puntuales sino que ha tomado una dimensión global gracias a organizaciones como Greenpeace, y qué mejor aliado que uno que persigue la sostenibilidad ambiental, que resulta casi imposible sin conseguir antes un desarrollo humano sostenible. Otra de las tareas de las ONGD sería estimular una conciencia crítica de la ciudadanía que no se consigue de otra manera que impulsado el modelo de educación para el desarrollo. Estimular la creatividad en las formas de acción. En definitiva reaprender. Este es el gran desafío comunicativo de las ONGD para aumentar la movilización y la participación se debe cooperar no sólo con el Sur sino también canalizar esfuerzos conjuntos con otras organizaciones.

A la vista de los últimos acontecimientos, véase la revolución verde de Al Gore con su documental Una verdad incómoda, su Nobel de la Paz y su Oscar, no queda otra esperanza que actuar como lobby, tal y como lo consiguió Al. Eso significa la obligatoriedad de la cooperación entre las ONGD y otros movimientos en el Norte.

