Los hombres no siempre fueron creados por divinidades.
Frecuentemente existían en el cielo.
Los indios Guaraúnos de Venezuela piensan que fueron
tentados por las suculentos alimentos
que existían en la tierra.
Érase una vez, en los tiempos muy ancianos, los indios Guaraúnos vivían allá arriba, más allá de las nubes, en el empíreo.
Sucedió que un día un indio agarró un arco y lanzó una flecha hacía abajo haciendo un agujero.
Los Guaraúnos, picados por su curiosidad natural miraron hacía abajo y contemplaron estupefactos la abundancia que había en la tierra: juruma, miel, gusanos, morocote, cachiri, brotes de árboles y corazones de palmeras. “¡Oh!, qué de comida, hay que conseguirla. No hay nada que discutir, hay que hacerlo de una manera u otra.”
¿Qué es lo que hicieron? Arrastrados por el insaciable deseo de probar aquellos variados y abundantes alimentos, y aquellas insospechadas bebidas, buscaron una madera y una cuerda; y todos bailando de alegría y babeando, se dijeron: “¡Ya está, ya está!” Pasaron la cuerda por el agujero y engancharon la madera. Todos, uno tras otro, se deslizaron por la cuerda y pisaron la tierra para no volver al cielo.
A veces, el día se convierte en un elemento material, definido
que se puede ir a buscar o a cazar.
Este relato del nordeste del actual Brasil
da cuenta de ello.
Al ver la noche caer, un viajero preguntó si podía cenar en una casa que quedaba a un lado del camino. Tras la cena, toda la familia comenzó a hacer los preparativos de un viaje, viendo aquel ajetreo, el viajero les preguntó a dónde iban, ellos les respondieron: “Vamos a buscar el día.”
Cuando estuvieron listos cada uno cogió su macuto, dejándolo abierto y salieron corriendo padre, madre e hijo sin que quedará nadie en la casa. El viajero les acompañó. Corrieron y corrieron toda la noche. En el momento que aparecieron los primeros rayos de sol se dieron la vuelta y cerraron sus macutos, una vez en la casa, ya de día, los abrieron en el patio y miraron hacía abajo.
De nuevo atónito, el viajero preguntó qué habían traído en sus macutos. “Hemos traído el día. ¿Acaso no te lo habíamos dicho ya?” Tras decirles adiós, siguió su camino. A su vuelta les trajo un gallo y les dijo: “Ya que les hace falta ir tan lejos a buscar el día y traerlo a casa, les ofrezco este pájaro que se lo traerá sin que tengan que cansarse. Dispongan un lugar elevado para que duerma, cuando cante la primera vez, el día todavía estará lejos; a la segunda estará cerca y a la tercera, el día ya habrá llegado.”
La familia se quedó sorprendida al ver el gallo. Tan pronto como el viajero lo soltó en el patio, el animal se sacudió, se enderezó y cantó: “Kikiriki…”. Todos quedaron perturbados y nadie quería acercarse a él. Frotándose las manos el marido dijo a su mujer: “ Ya está, ahora no tendremos que ir tan lejos a buscar el día con nuestro macuto.”
El viajero se había ido ya, cuando la mujer se percató: “Marido, no le hemos preguntado qué es lo que come el animal.” De seguido, el hombre salió corriendo siguiendo su rastro, cuando le vio comenzó a gritar desde lejos: “Señor! Señor! Psss! Escuche!” Entonces el viajero se paró. “Perdone, ¿qué es lo que come este animal?” Sorprendido por tercera vez, sin dar crédito por tal estupidez y molesto por la interrupción de su marcha, contestó: “Come de todo.”
El hombre volvió a su casa aterrorizado: “¡Misericordia mujer! Dice que este animal come de todo. ¿Pero qué bestia es esta mujer? Este animal nos va a comer a todos…”
Armados de palos, se reunieron en torno al pobre gallo, lo apalearon y mataron sin dilación, continuando así la búsqueda del día con su macuto.
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IMPORTANTE!!!!!!!
A partir de ahora me voy a dedicar a traducir del francés leyendas y cuentos populares de América recogidos por antropólogos y otros amigos.Tratan sobre el cielo, la luna y el sol, el día, el hombre en la tierra, los ríos, en definitiva, de su entorno y su historia.