martes, 3 de junio de 2008

Un vistazo a la ciudad de hoy

El siguiente comentario sobre trata sobre los diferentes procesos que vienen transformando las formas y sentidos sociales de ciudad configurándola en la clave de la posmodernidad. A través de diferentes artículos y entrevistas a diferentes autores he intentado esbozar cómo entiendo la ciudad actual, que no pasa precisamente por ser mi ciudad invisible, mi ciudad ideal.
« La producción del espacio es un aspecto central de la economía capitalista ». Con esta afirmación comenzaba David Harvey, un clásico sobre la materia, una entrevista al diario EL PAÍS en 2007. Personalmente no conocía a Harvey como sociólogo de la ciudad, como tampoco sabía que muchos autores de referencia en otros temas habían comenzado a plasmar su pensamiento a través de la ciudad. Conocía a Harvey gracias al libro Breve historia del neoliberalismo donde realiza un ensayo brillante, según mi opinión, del ascenso de la teoría neoliberal y la construcción del consentimiento. Fue su precisión al relatar la transformación de Londres y Nueva York como los polos de poder de esta teoría durante los años ochenta como el centro financiero internacional o la neoliberalización de la cultura (sexualidad, exploración narcisista del yo o la ciudad como objeto de consumo con el I love NY) respectivamente.


En el nuevo capitalismo de ficción del siglo XXI, la ciudad se ha convertido en su propio objeto de consumo, en un lugar para la fascinación de si misma (Verdú, 2001). Ordenada para el consumo espectácular y para el tránsito, la ciudad sobremoderna es progresivamamente colonizada por los no-lugares (parques temáticos, hipermercados, zonas de ocio, circunvalaciones, superestaciones, centros históricos museificados o transformados en otro gran centro comercial…) y vivida como una experiencia itinerante, deslizante, de sedentarios-nómadas (Vicente-Mazariegos, 2986, 1993 ; Attali, 1991 ; Bericat, 1994 ; Urry, 1995).


Como dice Harvey, « en un principio quieres tener una ciudad muy especial que atraiga al capital, pero al mismo tiempo, cuando éste llega, trae consigo las mismas tiendas que hay en todas partes, así que de pronto la ciudad pierde esa cualidad particular que la hacía única », esto es la homogeneización de los paisajes construidos. La renovación de los espacios simbólicos de las ciudades como la Plaza del Castillo y la Plaza de la Virgen Blanca, en Pamplona y Vitoria respectivamente; la obsesión por edificar auditorios, museos de arte contemporáneo, palacios de congresos, y en definitiva, sumarse al síndrome Guggenheim de la arquitectura de firma. Con todo la ciudadanía en estas ciudades de no más de 400.000 habitantes cuestiona, sin obtener atención y respuesta estos proyectos, que según Harvey « son innecesarios, realmente no contribuyen al bienestar de la gente porque son meros símbolos » y que según mi opinión este capital debería usarse en aquello que los ciudadanos consideren útil, partiendo de la democracia participativa, ya que son los que habitan el lugar y conocen la realidad.


En la misma línea, el geógrafo inglés habla de ciertos espacios de esperanza como alternativas para habitar un lugar con perspectivas de futuro, que son precisamente aquellos donde se está realizando de manera más activa este modelo de democracia participativa como en Brasil a través del MST; y de la congregación de diversas culturas en contraposición a la segregación cultural.
Sobre la presencia de la globalización económica en las ciudades Harvey, añade a todo lo anterior, la competencia interterritorial entre municipios, regiones y Estados que buscan un buen clima para los negocios y que se contrapone a la idea de homogeneización de los paisajes construidos. Harvey indica que esto una gran tensión.
Por otro lado, Jorge Olcina habla de las megalópolis como « la ciudad que puede organizar un área regional, que tiene capacidad de decisión, implantación económica, (…) ciudades incorporadas a la economía global. No todas las ciudades van a poder tomar decisiones, cada una tiene que cumplir su papel. Hay que ser conscientes de que hay ciudades que van a ser de segunda o tercera línea, pero tienen que aprovechar lo bueno de la dinámica que han llevado hasta hoy». Olcina se centra más en la ordenación del territorio pero coincide con Harvey que el futuro de las ciudades pasa por competir, matizando que las megalópolis establecerán una gravedad en torno a la cual girarán ciudades con otro tipo de funciones: dormitorio, turísticas o culturales. Si bien es cierto que la megalópolis no es solo un centro de negocios sino también un centro de todo lo anterior, aunque la calidad de vida es el primer interés entre los ciudadanos.
A este respecto se refería otro artículo en el diario EL PAÍS titulado “ La nueva utopía es vivir lejos y mejor”. Se señalaba que la huida de las grandes concentraciones urbanas a regiones o municipios próximos está destinada a marcar los próximos flujos migratorios y el futuro del desarrollo urbanístico (INE), corroborando lo dicho anteriormente, e indica que desde 2001 zonas próximas a las grandes concentraciones como Valencia, Euskadi, Madrid o Barcelona, han aumentado hasta un 30%. Las causas de este movimiento son fundamentalmente dos: las mejores condiciones de vida relacionadas con el precio de la vivienda y el factor tecnológico como mejora de las comunicaciones físicas y tecnológicas, y de la revolución de la tecnología de consumo.
¿Pero estos flujos migratorios no hacen otra cosa sino confirmar la relación actual entre capital y territorio? Según Harvey, el papel que ha jugado el desarrollo urbanístico en las dinámicas de acumulación de capital es muy importante, ciudades como Ciudad-Real, Toledo y Guadalajara, tienen en sus ciudades las casas que han construido los que han edificado en Barcelona o Madrid y lo paradójico, según Harvey, es que cuanto más dinero parece invertirse, menos asequible resulta la vivienda.
Lo sorprendente en el caso de los diferentes gobiernos españoles es que a pesar del increíble boom urbanístico del cual ahora somos víctimas debido a una crisis internacional, no se incluyen políticas sobre las ciudades y respecto a la ordenación del territorio salvo la Ley del Suelo de 2007 por la que ahora todos los desarrollos urbanísticos tienen que incorporar un informe de sostenibilidad o mapas de riesgo. «Nos falta cultura del territorio, aplicar más democracia a la ordenación del territorio» , como dice Olcina.
Esta tendencia a primar la calida de vida que se corresponde con el marketing emprendido por múltiples promotoras, como indica Oliva, pero no sólo incide en el beneficio de grandes corporaciones sino que también lo hace en el aspecto social. Así, a través del estudio de la zona metropolitana de Pamplona no sólo se pone énfasis en que « las sociedades de cambio de siglo han convertido la movilidad en un requisito necesario para acceder de manera eficiente a las oportunidades de empleo, los servicios y la participación ciudadana (…) los grupos más afortunados en recursos disponen cada vez de mejores instrumentos (…). Pero aquellos más deficitarios en recursos privados o que soportan más cargas derivadas de sus desiguales condiciones sociales (de género, generacionales…) son forzados a una fricción cada vez más fatigosa con esta misma ciudad aceleradamente transformada (…)». Entonces ¿ es posible que la automovilidad sea un factor determinante para un cambio de paradigma acerca de la ordenación territorial de la ciudad? Según Oliva se da un « abandono del transporte público al criterio de rentabilidad, la privatización en las formas de organización sociotécnica de la ciudad y la dispersión residencial » coincidiendo con el concepto de aglomeraciones polinucleares que responde a las utopías privadas, que han erosionado la teórica de la planificación urbana basada en el acceso universal a los servicios creando mecanismos de autoexclusión y exclusión al mismo tiempo. Esta respuesta se corresponde con las nuevas formas de la ciudad posmoderna, que adelantaba al principio acerca de Nueva York, de carácter neoliberal, exploración narcisista del yo en, que « tiende a adquirir una forma dispersa, polinuclear, que se corresponde simbólicamente con la disolución de aquella vieja utopía colectiva moderna, se transfigura también en múltiples utopías privadas ».
Pienso que la ordenación del territorio debería jugar un papel clave en las políticas de los gobiernos, ya sea a nivel nacional o supranacional, en este sentido Europa apuesta por los grandes ejes de desarrollo que en España se definen en el eje Atlántico y el Mediterráneo. Según Olcina, no hace falta crecer mucho sino estar bien incorporados a un sistema de distribución de la actividad económica, cultural o del conocimiento , respecto a esta política dice estar convencido de que es la idónea porque intenta aplicar los principios de sostenibilidad.
La sostenibilidad es otro de los temas que se incluyen dentro de la nueva agenda de la ciudad posmoderna entendida como ecologismo y política social, curiosamente coincide con la sobresaturación de alarmas acerca del cambio climático y el lobby verde impulsado por Al.

Aunque con un vago recuerdo, ya que los cambios se han producido durante una etapa en la que no tenía consciencia de la ciudad como el nuevo espacio de flujos de capital (Castells). Recuerdas el día que abrieron el McDonal´s o el que viste un inmigrante de otra raza. Parece que esos momentos han ido configurando el espacio que habitamos. El modo a través del que conocemos la realidad también cómo dice Augé en “Sobre la modernidad. Del mundo de hoy al mundo de mañana”, « el exceso de información nos da la sensación de que la historia se acelera ». El avance se está dando de una manera integrada a través de las comunicaciones, aunque esta sea una visión un tanto etnocentrista, ya que el proceso no es igual para las megalópolis del Sur donde « la gran capital sigue creciendo porque la gente emigra a ella para tener mayores oportunidades de empleo o alimentación » como dice Olcina.